► RESEÑA: Las penas del joven Werther - J. W. von Goethe

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las penas del joven werther

“La novela del Romanticismo”. Las penas del joven Werther es la apasionada y delirante novela epistolar del escritor alemán Johann Wolfgang von Goethe.


contexto: Las penas del joven werther

Era la segunda mitad del siglo XVIII y el mundo occidental había entrado en la época de la razón.

Con el Renacimiento y la Ilustración se vinieron cambios en la percepción del mundo donde se proponía a la razón como la luz que iluminaba las tinieblas del conocimiento.

Pero como todo movimiento suscita una reacción, pronto llegó desde las artes una revolución que proponía a los sentimientos como los móviles de la vida: el Romanticismo.

Este movimiento proponía, entre otras cosas, una alta conciencia del Yo como entidad autónoma. La subjetividad era clave y todo que se derivaba una valoración de lo diferente frente a lo común era exaltado.

El Romanticismo pues olvidaba las convenciones y normas e invitaba a un liberalismo marcado donde la originalidad era valorada en contraposición con la tendencia hacia lo clásico, hacia los cánones.

Había también una exaltación de la naturaleza, de los sentimientos y de las pasiones.

Entonces, llega en 1774 la novela epistolar de un joven desconocido para entonces, donde el protagonista tiene una historia de amor no correspondido de pasiones exaltadas y acciones desesperadas: Las penas del joven Werther de Johan Wolfgang von Goethe.

Resumen Las penas del joven Werther

Ciertamente, tienes razón, mi inmejorable amigo: los dolores serían menores entre los hombres si estos - Dios sabe por qué están hechos así - no se ocuparan con tanto ahínco en evocar los recuerdos de los males pasados en vez de soportar un presente tolerable.

Las penas del joven Werther cuenta la historia de un joven artista que escapa a Wahlheim, un pueblo ficticio donde conoce la vida tranquila de sus habitantes y se deslumbra con la naturaleza del lugar.

Por medio de cartas, Werther le va contando a su amigo Wilheim sus impresiones del lugar, las experiencias que vive y sus sentimientos hacia lo que experimenta allí.

Días después de su llegada, Werther es invitado a un baile, donde conoce a Charlotte, o Lotte, una joven hermosa que cuida de su padre y hermanos después de la muerte de su madre. Lotte, que es descrita por Werther como una mujer perfecta, disfruta de la literatura y la música, de pensamientos y sentimientos que comparte con Werther.

“¡Y sin embargo cómo decirte lo perfecta que es, porque lo es! Basta; ella abarca todos mis sentidos, los domina. ¡Tanta ingenuidad unida a tanto ingenio!, ¡tanta bondad con tanta fuerza de carácter!”

Desde incluso antes de conocerla, Werther es advertido de que Lotte está comprometida con Albert, un joven serio y de buena familia. Albert, sin embargo, no está en la ciudad, y Werther parece olvidarse de este obstáculo mientras vive momentos de embriaguez idílica al lado de Lotte que no parece ponerle ningún obstáculo.

La historia llega a su punto más tensionante cuando Albert vuelve a Wahlheim. Ahora él se pone en medio de Lotte y Werther, quien, sin embargo, lo considera como un hombre bueno y digno de Lotte en primera instancia.

Ah, sentía tan colmado el corazón...Y salimos juntos, sin habernos comprendido. A nadie en este mundo le es fácil entender a los demás.

Pero pasan los días y Werther sale de su fantasía al darse cuenta de que nunca podrá tener a Lotte. El joven artista decide entonces irse del pueblo a trabajar con un duque en Weimar para olvidar a Lotte pero también para seguir con los deseos de su madre quien quería para él una vida más segura y honrosa que la de pintor.

Sé muy bien que no somos iguales ni podemos serlo, pero considero que quien cree necesario distanciarse de la llamada plebe para mantener el respeto, es tan censurable como un cobarde que se oculta del enemigo porque teme sucumbir ante él.

Mientras estaba en Weimar sufriendo de la discriminación de clases, Werther se entera de que Lotte y Albert ya se casaron. El joven vuelve pues a Wahlheim y allí empieza una decadencia moral que lo hace reconsiderar el sentido de su vida y su futuro.

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análisis Las penas del joven Werther

Muchísimo se ha disertado sobre esta obra.

Después de su aparición hace casi 250 años, vino una ola de críticas, reacciones, interpretaciones e, incluso, reinvenciones. Una de ellas, de parte de uno de los mayores detractores de la obra, reescribía el final por considerar el original altamente inapropiado.

El impacto de la obra fue tal que hubo una especie de “Fiebre de Werther”. La figura del joven apasionado llegó a influir en la moda, al punto de que se creó el estilo Werther, refiriéndose al modo de vestir que el joven usa en la novela.

Hubo también reacciones menos sanas e inesperadas, donde los lectores llegaron a sentirse tan afectados y representados por el joven Werther que muchos imitaron el destino aciago que el protagonista de la obra decidió darle a su vida en la novela.

Sobre esta desafortunada reacción Goethe escribió después:

Pero tan aliviado y despejado como me sentía yo por haber transformado la realidad en poesía, tan confundidos se vieron mis amigos, que pensaron que lo que había que hacer era convertir la poesía en realidad, imitar una novela como aquella y, llegado el caso, pegarse igualmente un tiro.

La obra se vuelve especialmente importante para la época, y para el presente, por la cantidad de referentes culturales a los que hace alusión.

Durante las cartas, Werther menciona obras y artistas del pasado y del momento, creando una estructura fuerte que apoya la interpretación de cada palabra el joven.

La lectura se vuelve más completa y la obra más robusta cuando se considera no solamente el planeta que es en sí la novela, sino si se miran también los asteroides que la rodean como lo son, por mencionar algunos,  el poeta alemán Klopstock, el poeta irlandés Ossian e, incluso, algunos evangelios.

Sin duda uno de los aspectos más interesante que esta novela presenta, y que es en general una característica del movimiento romántico, es la búsqueda de la individual, del rasgo distintivo del yo que se vive, sobre todo, en la adolescencia.

Ese sentimiento de que lo que pensamos y sentimos es único, verdadero y trascendental, cuando en realidad nuestra individualidad, nuestro Yo, está construido sobre la base de un movimiento, de una tradición mayor, nada subjetivo ni único sino el resultado de un espectáculo mediático, de todo un aparato construido por nuestro espacio y tiempo.

La novela también tiene un juego interesante con las estaciones y el paso del tiempo y el momento anímico de Werther.

En un principio, Werther llega a Wahlheim en primavera, descubriendo un nuevo nacer de sí en ese pueblo al que le llega un verano luminoso y lleno de vida. Después, en otoño, llega Albert y todos los colores y la vida de las estaciones anteriores empieza a decaer hasta llegar al invierno que es la decadencia de Werther.

Pero lo interesante es, sobre todo, cuando, un año después en la vuelta de la primavera y el verano, ya Werther no percibe de igual forma la naturaleza circundante, sino que los elementos recurrentes, las situaciones, figuras y lugares, se vacían a sí mismos de significación de un modo irremediable gracias al desencanto por la vida que vive el joven Werther.

Opinión

Las penas del joven Werther fue una lectura que disfruté muchísimo, no solo por la historia, sino por lo vívido que se me hacía el personaje de Werther.

Hay entre las cartas reflexiones de Werther tan valiosas y verdaderas que son como un rayo que atraviesa la lectura y nos obliga a parar y leer tres veces el fragmento para interiorizarlo. A pesar de que es un texto escrito has casi 250, muchas de sus denuncias a la naturaleza humana son aún vigentes.

“Si me preguntas cómo son las personas de este país, diré que son iguales a todas. ¡El género humano es una cosa tan monótona! Casi todos trabajan la mayor parte del tiempo para vivir y su poco tiempo libre les pesa de tal modo que buscan ahínco el medio de usarlo en algo. ¡Oh destino el del hombre!”

Esto no hizo, sin embargo, que por momentos me parecieran en extremo enfermizas sus posiciones ante algunos temas que discute en la obra, y el tipo de accionar que lleva durante la historia.

Disfruté muchísimo del alto nivel de romance, llamémoslo así, cursi de Werther, entre otras cosas porque recordé y me identifiqué con varios pensamientos y actos que yo mismo también padezco cuando estoy enamorado. Este fragmento siguiente ilustra uno de ellos:

Hoy no he podido ir a ver a Lotte; me retuvo una compañía inevitable. ¿Qué había que hacer? Envié a mi criado, sólo para tener a mi lado alguien que hoy se hubiera acercado a ella. ¡Con qué impaciencia le esperé! (...) Se cuenta de la piedra de Bolonia que, cuando se la pone al sol, recoge sus rayos y refulge durante cierto tiempo en la noche. Así me ocurrió con este muchacho. La sensación de que los ojos de Lotte se habían posado en su rostro, en sus mejillas (...) lo convertía en alguien valioso para mí.

Es sin embargo interesante, desde el punto de vista de la creación, que Goethe haya logrado una caracterización tan clara del modo de pensar que entonces se empezaba a gestar con el Sturm und Drang en Alemania, y que posteriormente tuvo como desenlace el movimiento del Romanticismo.

Esta novela es sin duda una lectura obligada, sobre todo para los adolescentes, por varias razones:

  • Porque la historia es muy buena. La trama es simple y logra cautivar a pesar del lenguaje un propio de hace 250 años y que podría no sonar muy natural o cercano, por obvias razones, ahora.

  • Porque ayudaría mucho a entender muchas de las cosas que se sienten en la adolescencia, los deseos y pasiones desbordadas que tenemos y ayudaría al joven a estar muy advertido de todo lo que siente.

  • Porque es un clásico que a pesar de que tenga casi 250 años de escrito, tiene todavía una vigencia evidente en cada una de las cartas de Werther.

  • Porque es corto, porque la construcción de la novela es muy interesante y los personajes logran una definición tan propia y viva que llegaron a causar un grandísimo impacto e identificación en su momento de publicación y que aún ahora logran hablarnos de forma cercana.

Es un libro que sé que volveré a leer en el futuro, pero no al punto de Napoleón, que cargaba una copia del Werther siempre consigo en sus campañas.

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